martes, 11 de abril de 2017

La Herida Primal



(Escribo este artículo con la intención de generar conciencia a mi alrededor de esta catástrofe de la salud física y emocional de la que todos somos víctimas, en el inmediato, pero también en el mediano y en el largo plazo. Quisiera que esto fuera visible para mis amigos. Mis vecinos. Mi familia. Mis alumnos. Mis conocidos. Mis desconocidos. Todos deberíamos saberlo, o al menos por lo menos sospecharlo.)

Imaginemos que recibes una invitación para ir a visitar un país. Un país en el que nunca estuviste, y del que no conoces ni siquiera el idioma. La visita es inevitable. Fuiste convocada/o, y estás en ese compromiso. Te preparas para tu llegada. No tienes mucha idea de cómo será, pero has recibido algunas ayudas. Sabes que ciertas cosas deben ocurrir de cierta manera, y además…tendrás una guía. Ella, tu guía, ya está lista para recibirte! Te espera con muchas ganas de conocerte y es en lo único que piensa desde que se enteró de que vendrías.

Viajas. La llegada es intensa. Todo está oscuro. Escuchas gritos, alaridos, por momentos gemidos, lamentos y hasta jadeos. También risas, cantos, ooooommmmm... También sientes mucho movimiento. Tu aterrizaje es intenso. Sentís sacudones, tironeos, mucha presión en todo tu cuerpo. Por momentos no sabes cómo va a terminar todo esto, y de repente sentís como que algo te atrae hacia “afuera” y súbitamente, como si fuera casi un acto de magia, apareces en otro lugar.
¡Llegaste! Los sonidos entran en tu cabeza, son ensordecedores, y las luces, muy brillantes, estás desnuda/o y empapada/o, y también temblando por el frío y por las millones de sensaciones que te invaden.



Necesitas respirar inmediatamente, y que tu guía aparezca YA para protegeerte, abrazarte, cubrirte y que te diga que ya estás acá, y que ya pasó lo peor. A partir de ahora ella te protegerá en este nuevo lugar, hasta que sientas que lo conoces y eres capaz de manejarte solo. Pero tu guía ¡¡no está!!



 De repente desapareció. En realidad ella no, vos fuiste tomado por un extraño que te llevó a un lugar desconocido. Gritas que no, que te devuelvan con ella, ¡ese era el trato! Pero no, te apoyan en un lugar muy frío, (no conocías el frío!) te tocan, te manipulan como un objeto inanimado, te sumergen en un líquido con un olor indescifrable, te frotan, te clavan cosas en el cuerpo mientras gritas desgarradoramente.
Pero nadie parece darse cuenta, ni se inmutan, siguen haciendo lo que se supone que saben que deben hacer, sin detenerse, sin hablarte, si siquiera mirarte. Entras en estado de terror puro. No importa cuánto dura eso. Un segundo, un minuto, un día, es toda tu vida en este nuevo lugar. Es la eternidad.


 Súbitamente te llevan de nuevo con tu guía. Y ella te habla como si nada hubiera sucedido. Hola! Que bueno que estás aquí! Ven conmigo. Y tú estás tiritando, no sabes si de frío o de miedo o de ambas cosas. Pretenden que comas, cuando solo puedes llorar y gritar tu espanto.
Desde que llegaste, no toleras estar sola/o. Si tu guía se aparta un momento, te invade el terror de que la pesadilla se repita. De hecho volvió a repetirse un par de veces al principio, y por eso ya no confías en nadie ni en nada
Este fue tu recibimiento, y nunca nadie te dijo “así no se debe tratar a nadie, eso que hicieron está mal. No sabía que sería así, no pude evitarlo. Lamento desde el alma el daño que te produjo esa experiencia, jamás tendría que haber sucedido.”



Y como nunca pudiste comprender qué fue lo que sucedió, inconcebible comparado con lo que esperabas, para ti este nuevo lugar, que además te mudaste para siempre, es un lugar hostil en el que te has prometido, jamás vas a confiar.




Esto es lo que ocurre, salvo muy honrosas excepciones, en cada nacimiento.
¿Qué significa esto?
Cada persona que nace, tiene una expectativa desde el punto de vista de su fisiología, de lo que su organismo necesita y espera vivir. Durante la primera hora seguida inmediata al nacimiento se ponen en marcha mecanismos biológicos especialísimos que permiten al naciente una regulación (la tan mencionada homeostasis) fisiológica, pero a la vez se produce un primer aprendizaje de cómo deben ser las experiencias subsiguientes. “Un formateo”, la instalación de un primer programa que permite al bebe sobrevivir y desarrollarse en las mayores condiciones de salud posibles.  
Esta primera hora se llama “la hora sagrada” “la hora del imprinting”, el apego inicial, descripta minuciosamente por estudiosos y expertos en salud humana.
Esta primera hora tiene como expectativa que el bebé (video) repte por el vientre de su madre, se frote con ella para impregnarse de toda su microbiota (mundo bacteriano viviente primero del canal vaginal y luego de su piel exterior), llegar la pezón, encontrarlo, mamar el calostro que le dará entre muchas cosas, una protección inmunológica contra los millones de microbios y agentes patógenos que se acaban de sembrar, pero que la madre tiene colonizados y sus defensas se hallan en su calostro.
Además de este maravilloso y único mecanismo de protección, el bebé si bien se ha estresado durante su nacer,(ver video) ya está junto al organismo al que pertenecía desde adentro, pero ahora desde afuera. Estaba preparado para esos segundos de stress fisiológico. Pero nadie está preparado para esos minutos, horas o días de trauma emocional que significa la separación cuando no hay motivo real. (Ver video)
Cada  frustración de esta expectativa es una desconfiguración sistemática de su sistema de regulación fisiológica, Y TAMBIÉN EMOCIONAL.
Todavía muchas personas descreen que esto sea realmente relevante. Descalifican las afirmaciones que dicen que las personas registramos TODO lo que nos sucede al nacer, argumentando que no está desarrollado en el cerebro el sistema de la memoria.
Sin embargo, cuando les preguntas a un niño de 2, 3 años, qué recuerda de cuando estaba dentro de la panza, cuentan relatos increíbles…y genuinos.

Fundé y pertenezco a un grupo de Facebook llamado “Crianza Fisiológica” en el que hice esta pregunta en febrero de 2016 y cientos de respuestas apabullantes no pueden sino, al menos despertar la duda de que es posible es que registremos algo, porque los relatos se ajustan todos a los hechos.
Algunos de ellos:

_ Vos olías cosas ricas.(la madre hacía aromaterapia).

_ Escuchaba bum bum bum bum y yo bailaba adentro tuyo.

_ yo en el hospital lloraba y lloraba". Yo sorprendida porque era tal cual, le pregunte por que era que lloraba. Su respuesta: "yo en tu panza no lloraba, me reía! Pero yo no quería estar en el hospital". 

_ pichón, te acordás cuando estaba en la panza?
_ Siiiiiii!!
_Y qué hacías?
 Y se tentó de la risa largo rato hasta que le digo
_dale loquito contame algo! Qué te acordás de la panza?
 Se acostó arriba mío y mirándome a los ojos y en voz baja como quien cuenta un secreto me dijo
_iosoooo (rojo) to to to to to to to to (muy rítmico).
_ y te acordás cuando saliste de la panza?
 Frunció el entrecejo enojado con un gruñido, se bajó rápido de arriba mío y se acostó lejos mío dándome la espalda, intenté tocarlo un par de veces y me sacó. Tuvimos un embarazo espectaculaaaaar y un parto complicadísimo que terminó en cesárea y separados al nacer más de un día 

_ Hijo, te acordás del día en que naciste?
_ Si, mami, pero no quiero hablar de ese día tan feo.

_ Hijo, te acordás de cuando naciste?
_, Si, me sacó el señor.
_ Y el señor, ¿era bueno?
_ NO, me mató y me comió (el obstetra lo besó ni bien nacido)

Algunos efectos de estos traumas (que no necesariamente significa que ocurran por este motivo).

Llanto intenso y frecuente "sin motivo aparente".
Necesidad de presencia materna o paterna constante, intensa, cuerpo a cuerpo.
Necesidad de lactar como recién nacido a pesar de que han pasado meses o años del nacimiento.
Poco margen de frustración. Estallidos frecuentes y duraderos.
Nada le alcanza, nada calma al niño.
Desconfianza del entorno "no se queda con nadie".
Rechazo de los médicos (gran resistencia a la visita al pediatra).
Dificultades para dormirse. Sueño interrumpido por llanto, incluso durmiendo.
Dificultades en la escolarización, durante la adaptación. Todo es vivido como un posible abandono.
Tristeza crónica.


¿Cómo podemos ayudar a sanar?
                                                                                                                                                                                                       
Con la verdad.
Recibo infinidad de consultas por parte de madres y padres preocupados porque sus hijos muestran un desorden en sus reacciones que los dejan prácticamente sin recursos para ayudarlos. Reacciones, tan intensas como inesperadas, "berrinches" que no son una simple zapateada, o una boca curva hacia abajo. Se parecen más bien a un paroxístico ataque de nervios, con reacciones agresivas y totalmente fuera de control.

Mi norma no es preguntar qué fue lo que lo desreguló la última vez (normalmente el motivo de consulta) sino la primera, es es decir qué pasó al nacer. Y siempre se confirma: al nacer hubo separación, revisación de rutina (que para el bebe es violenta) el bebé lloró muchísimo, y nunca, al reunirse, hablaron de lo que NO tendría que haber sucedido, y menos aún de lo que SÍ.

Mi norma es en principio, restaurar esa herida de nacimiento. Validar las emociones sembradas en ese momento. Es como decirle al niño “ya no necesitas emitir señales tan intensas, ya hemos entendido que nunca hablamos del terror que atravesaste”.
Y reparar con palabras y gestos. Ayudar a que se inscriba en su cuerpo Video: Joaquín juega a nacer. Las palabras deberían ser exactamente aquellas que sabemos que  necesitaríamos escuchar para reparar una falta que nos ha dañado horriblemente. Con honestidad, sinceridad, sintiendo realmente la pena y arrepentimiento que sentimos al haber fallado, al no haber podido estar ahí como él no necesitaba. También es importante que el niño sepa que fallamos, no porque quisimos fallarle, sino que algo (el sistema de “salud”) o alguien nos los impidió.

Un niño de 5 años, incrédulo, mientras conversaba con su mamá sobre su innecesaria separación de 3 días (“por protocolo”, por nacer en semana 37, con signos vitales perfectos), deducía en voz alta “¡entonces vos sí querías estar conmigo! ¡Entonces eran ellos los que no te dejaron! ¡Qué malos!!!”
Por último, aporto una idea que surgió luego de una consulta en la que la madre, tras relatarle a su hija de 5 años cómo había nacido, y entender ella sus miedos y desconfianzas, le pidió escribir una carta al doctor para que supiera lo que ella había vivido.




Carta de Clara al Dr. que asistió su nacimiento (una inducción innecesaria).

“No hagas lo que a mí me hiciste, porque me puse triste.
No se lo hagas a otros bebés, porque es muy feo, es muy malo, no se lo hagas a otros bebés que me puse muy triste (¡pero muy triste!)
Él no me dejo estar con mamá, porque yo necesito la teta de mamá, no necesito a vos.
Es muy feo. 
No te voy a amar.
Y yo no necesito la mamadera, porque necesito la teta de mamá, porque necesito a mamá, porque la amo.
No le pinches la bolsita, no estés apurado, cuando yo quiera salir, no estés apurado. 
Si estás apurado, es muy feo.”

Nota: Luego de enviarme esta carta, la madre volvió a escribirme "Ayer Clara me dijo que soñó con el medico "malo" y que le dijo que él leyó la carta que ella le mandó y entonces lo perdonó".


Vínculos que enriquecen este artículo

jueves, 26 de enero de 2017

Mi bebé rechaza el biberón (y yo debo dejarlo unas horas para ir a trabajar!)

Por Melina Bronfman

Jamás en mi vida creí que escribiría este artículo. ¿Ayudar a dar el biberón??
Vade retro, Satanás!
Por lo tanto decidí no hacerlo. No escribiré un artículo sobre cómo dar el biberón, sino, para entender las razones por las que el bebé lo rechaza. Y cómo ayudarlo a alimentarse.
Una alegría que me da la necesidad de escribir esta nota es que antes las mujeres sólo pedían ayuda para amamantar. Nunca había sucedido que sus bebés no conocieran el biberón. Más del 80 % se alimentaba así después del segundo mes de vida. Las tendencias se están revirtiendo, gracias al acceso a la información y a los círculos de madres en los que las mismas  mujeres se identifican con su enorme potencial de amamantadoras, con el el placer de poder tranquilizar a sus hijos del hambre, del sueño, del dolor y de un sinfín de  necesidades fisiológicas con sólo ”pelar”.
Eso, antes no sucedía, no, no, no.

Antes todas las mujeres sabían dar biberón y solo unas pocas eran las raras que daban teta. Afortunadamente se pusieron de moda la salud y el placer que brinda la fisiología, y más mujeres se entregan a lactancias exclusivas sin hacerse ya las preguntas de “¿estará bien así”? “¿no estará tomando demasiado seguido?” o “¿será que se queda con hambre?”. YA SABEN cómo funciona la fisiología y la ejercen.

 Estas mismas madres entusiastas, pasan días y meses amamantando y extrayéndose leche para tener en stock para cuando deban reincorporarse al trabajo. 
El freezer se va llenando de bolsitas y frasquitos. El bebé va cumpliendo meses. Y así llega el día, no de volver a trabajar, pero si de la prueba piloto.


El bebé aún se alimenta solo de leche, pero cuando la familia quiso hacer la prueba de alimentar con biberón, el bebé lo ha rechazado, llorando, cerrando la boca y no ha tragado ni una sola gota.
 Las madres ven derrumbarse su mundo cuando deben reincorporarse al trabajo y no encuentran la manera en que el bebé acepte el biberón.
Consultan desesperadas, angustiadas. Sus bebés toman con tanta frecuencia el pecho, ¿cómo va a estar tantas horas sin ingerir NADA? ¡No pueden dejarlo así!

La pregunta es ¿Por qué los bebés rechazan con tanta frecuencia el biberón? ¿Acaso una generación atrás no tomaban casi todos ellos de esas botellas?
Este es el punto principal: hemos naturalizado tanto los biberones que creemos que para los niños es natural que les acerquen un biberón y abrir la boca. Pero no, no tenemos impreso en los genes ni el uso del chupete ni el uso del biberón.
Pero esto es lo que sucede desde el punto de vista del bebé. ¡Toda su vida tomó teta! Él conoce que está relacionado a tomar del cuerpo de su mamá. Su olor. El gesto de levantarse la ropa, La aproximación mutua. El hociqueo que debe hacer hasta encontrar el pezón y succionar “estilo teta” para obtener su leche. Y de repente la mamá o el papá (o cualquier adulto) un día, y con todas las intenciones de entrar en tu boca aparece con un material sólido que se parece más bien a un misil.
¡Lo lógico es que el bebé lo rechace!
Entonces, ¿cómo hacer?

Si el bebé ha de usar biberón (hay otros recursos que veremos más adelante), primero debe verlo, tocarlo, reconocerlo, chuparlo (no necesariamente de la tetina), y descubrirlo por sí mismo.
Cuando se le presenta el objeto, se le debe explicar “esto es para darte leche cuando yo no esté para darte la teta y necesites comer”. “Te la va a dar XXXX”. A continuación podrías mostrarle cómo se usa, por donde sale el líquido (mostrárselo con un poco de agua en su interior puede funcionar). Luego beber de allí o darle a alguien a beber de allí, para que LA IMITACIÓN, gran recurso de aprendizaje, habilite la acción. “Si mi mamá o mi papá se lo meten en la boca no es riesgoso”. La curiosidad hará el resto.
Quiero subrayar con esto que los bebés necesitan de muchas anticipaciones para cualquier cosa que les sucederá. No es bueno para ellos ser colocados en el lugar de alguien que tiene que sacar una conclusión, o conjeturar. Necesitan SABER qué ocurrirá, y en todo caso, CONSTATAR con la información que se le ha dado, si lo que ocurre es lo que ya se le había avisado.

También está el punto de que la madre, secretamente (o a voz en cuello) lamente que aparezca la tetina entre el bebé y ella, por el temor de que confunda la succión del bebé y así arruine la lactancia a mediano y largo plazo. Pues no será así. SI el bebé toma la teta, el vínculo creado entre ambos es único y un biberón mientras ella no esté, NO va a arruinarlo. En este caso tanto bebé como mamá deben saber que el biberón sólo aparece en ausencia de la mamá.

Pero el biberón no es la única manera de administrar leche a un bebé. Puede ser a través de un vasito, o bien una cucharita. He visto a una madre usar la típica cremera o salsera de las vajillas elegantes, dándole al bebé del piquito de beber.

Pero TODO debe ser relatado, mostrado, permitido de conocer y reconocer, y luego administrado, cuando el niño sólo necesita chequear.

Alimentarse es un acto de a dos. En el inicio, el adulto alimenta directamente al niño, y luego, el adulto prepara los alimentos y los comparte con el niño. Por lo tanto, NUNCA, el bebé debería habituarse a tomar el biberón SOLO, cosa que muchos adultos festejan como signo de independencia del bebé. 
Lo que todos debemos saber, tanto madres que den biberón, como adultos que estén a cargo de los cuidados del bebé, es que todo puede florecer en el territorio de la CONFIANZA, y , más que nunca en el momento de alimentarse, el vínculo entre ambos, de entrega mutua, debe estar presente.


Nota: para quienes tienen miedo de el biberón confunda la succión del bebé, existe una manera "fisiológica" de dar el biberón, llamado método Kassing, he aquí los puntos básicos extraídos de este link

Este método recrea las condiciones más parecidas al pecho, en cuanto a esfuerzo, estimulación y enganche se refiere. Ayuda a preparar al bebé para la vuelta al pecho.
Nos hace falta:
  • Una tetina base estrecha.
  • Que la tetina sea larga (18 mm- 2cm): para estimular punto “S” se encuentra entre el paladar blando y el duro.
  • Que la tetina sea blanda, así es más parecida al pezón.
  • Que sea de las clásicas, es decir, de las redondas por todos los lados. Evitar las anatómicas puesto que no crean una succión más fisiológica.
  • El niño debe estar sentado, en un ángulo de 90º No recostarlo imitando las posturas al pecho.
  • Hay que colocar el elemento biberón lo más horizontal posible para evitar gravedad y crear así un flujo más lento de leche que el bebé pueda regular.
  • Estimular el reflejo de búsqueda tocando las mejillas, los labios la nariz y meter tetina entera cuando esté la boca bien abierta.
  • Es el niño el que controla la velocidad y cantidad que desea tomar.
  • Dejar que haga 5-6 succiones y sacar de la boca como el tapón de una botella de cava.
  • Iniciar de nuevo el proceso estimulando el reflejo de búsqueda, repetir hasta que el niño se duerma o no quiera más alimento.




sábado, 14 de enero de 2017

¿Quién es mamá? ¡Yo, hijo! ¿Y por qué hablas de otra persona?

Desencuentros comunicacionales entre el niño y el adulto.

Hace bastante tiempo que vengo observando unas cuantos quiebres el uso indebido y hasta extraño de la “persona gramatical”, la persona que lleva a cabo la acción.
El territorio de observación inicial fue el de la mater paternidad, porque es donde estoy la mayor parte del día.
He escuchado infinidad de veces a madres decirles a sus hijos “mamá te dijo que …” o “No llores, acá está mamá”. También escuché a padres “hacele caso a papá”, y me daba la sensación de que tanto al bebé como a mí, nos impulsaba a mirar alrededor a ver si el padre efectivamente estaba cerca de ellos dos.




Esta modalidad, confusa a mi modo de ver, de comunicación, no es única entre madres, padres, hijas e hijos, sino que aparecen en otros territorios de la vida humana.
Por ejemplo observé que en las clases de trabajo corporal es muy corriente escuchar por parte del/a facilitador/a, por ejemplo, un “me estiiiiro” cuando te quieren indicar en realidad que VOS te estires.
Hace poco en una clase de yoga, ocurrió un momento bastante cómico en donde la profesora, amiga además, dijo “muevo la articulación del tobillo” y yo me acomodé para mirar cómo ella movía su pie. Ella, a su vez se quedó mirándome, desconcertada por mi quietud (no estaba respondiendo a la consigna).  De repente caí “ah, yo muevo, ok”.

Recuerdo en varios acompañamientos de parto, en donde el profesional le decía a la parturienta “respiro profundo” y la mujer desconcertada miraba al profesional (estimo que para constatar que respiraba profundo) hasta que una vez se me ocurrió susurrarle “quiere decir que vos tomes aire”.
También recuerdo el relato de una mujer en su parto cuando el obstetra varón alentándola a pujar, se sincera con un “soplo por la vagina”. Sería desopilante si no evidenciara, además de la disociación de persona de la acción planteada en el artículo, porque según esta declaración, el obstetra alienta a la mujer contándole que él no sélo tiene vagina, sino que además sopla (¿?) con ella, el interrogante acerca de qué hacen los varones ocupándose de procesos fisiológicos femeninos. Pero eso es tema de otro artículo.
Sigo. Diego Maradona hablando de sí mismo, mencionándose como si fuera otra persona.
Las veces que lo he llegado a escuchar me sentí bastante desorientada hasta que entendí de qué o quién estaba hablando.

Otra circunstancia muy habitual es hablar de lo que nos pasa, como si en realidad le ocurriera a nuestro interlocutor/a.
_“No sabés la vergüenza que te da hacer tal cosa”.
_¿A mí?,
 _No, a mí.
 _Ah pero hablabas de mí.


¿Vos sos yo, o somos los dos al mismo tiempo?

Volviendo a la comunicación entre padres e hijos, también quiero destacar otros dos hábitos comunicacionales que confunden mucho a los niños.
1: Incluirse en algo que le sucede sólo al niño: "Hoy estamos con dolor de panza". O el típico "¿Nos ponemos la campera?"(Cuando el adulto, por ejemplo, ya la tiene puesta y está esperando que el niño acceda a colocársela).
2: Hacerle una pregunta, como si el niño tuviera la opción de elegir "¿Nos vamos a casa"? (lo de la campera también aplica). "¿nos cambiamos el pañal?". Y el niño se preguntará cuándo le toca al adulto, ya que nunca lo vio cambiándose los pañales.

Estos dos hábitos no solamente confunden al niño, sino que lo sacan del lugar  de niño, ya que lo ponen en situación de tomar una decisión cuando en realidad le corresponde al adulto hacerlo.
Para colmo, normalmente el adulto hace la pregunta para pedir la aprobación del niño, cuando en realidad ya tiene una decisión tomada, y ante el NO del niño, lo hace igual (salir de la casa, ponerle la campera o cambiarle los pañales), lo que suscita el interrogante por su parte "¿para qué me pregunta? y probablemente una reacción violenta del niño ante la frustración o el no respeto por sus elecciones.
En estos casos el adulto debería tener el cuidado de hablar con afirmaciones, anticipando al niño lo que sucederá en el mediano y corto plazo, para que éste vaya preparándose. Es muy pesado para un niño tener que decidir lo que va a sucederle, es muy más tranquilizador saber que hay un adulto a cargo, que sabe qué y cuándo hacer y al que no le duele la panza.

Conclusiones

Concretamente no me parece tan grave que nos mezclemos en el hablar si ambos compartimos el código, somos adultos, y tenemos recursos emocionales y lingüísticos para reorganizarnos ante un/a interlocutor/a confuso/a.

Personalmente yo procuro no hacerlo y circunscribo, con el nivel de autoconciencia que tengo hoy en día, lo que me ocurre y siento a mi persona, de la misma manera que no involucro a otras personas en mis procesos personales.

Pero me da un cierto escozor que tan regular y sistemáticamente, no se tenga en cuenta lo confuso que puede ser para un niño, en pleno proceso de individuación, de construcción de su yo, que la palabra “YO” nunca se mencione, y se hable en tercera persona de quien se refiere a sí misma/o.
Esta situación sí tiene su gravedad, porque los niños están en pleno proceso de organización, construcción personal. Deberíamos, como adultos responsables de su desarrollo, darles las herramientas más impecables posibles, y quizás eso implique abrir un espacio de autobservación de nuestras propias acciones, incluyendo el lenguaje.

No deja de llamarme la atención los enormes déficits de comunicación que ya, de por sí, como sociedad, estamos teniendo. Dificultad en la comprensión de un texto, de comprensión de la palabra hablada.

Y otra dificultad, más grave aún, es la de ser conscientes de la necesidad de chequear si estoy siendo escuchada, y cómo es esa escucha.
¿Nos llama la atención la expresión de desconcierto o de desorientación que vemos en la persona que tenemos delante, ya sea bebé, niño o adulto? ¿Nos hemos tomado el trabajo de ver cómo reacciona un bebé de meses cuando lo saludamos a una distancia prudencial (normalmente cuando son pequeños tienen terror que los desconocidos se acerquen y los toquen) y esperamos su respuesta en su rostro?

Efectivamente, la comunicación, no es sólo verbal. También es gestual. No se trata de chequear a quién nos escucha, sino de también quién interactúa con nosotros. Porque tanto el lenguaje es acción, como la acción es lenguaje (o comunicación).

Creo que de verdad, no solemos preguntarnos con quién hablamos cuando hablamos, y qué generamos en nuestros escuchantes.
Pregunta que merece hacerse cuando nuestro escucha es nuestro hijo (o un niño cercano), y está construyéndose física, emocional y lingüísticamente.
Como ejemplo, puedo citar a una niña que tomaba a la madre de la mano con un "te acompaño", cuando en realidad ella quería expresar "acompáñame". Sí, con el tiempo lo corrigió. Lo que me quedo reflexionando, es cuántas correcciones debemos hacer a nuestra data entry, porque ingresamos los datos incorrectos. Es como poner los programas equivocados en la computadora, y tener que desisntalarlos, instalar los adecuados, etc. Finalmente funciona. Pero hemos perdido un tiempo y una energía innecesariamente irrecuperables!

Algunas recomendaciones a la hora de comunicarnos:
  • chequear si nuestro mensaje llega como deseamos que llegue.
  • dar tiempo al niño para que internalice lo que hemos dicho, lo procese, y responda verbal o corporalmente.
  • a su vez, el adulto mostrar que el mensaje del niño ha llegado tal y como él/la necesita.
  • JAMÁS colocar al niño en situación de tener que deducir qué queremos decir.

A modo de cierre, compartiré los pensamientos de Agustina Petrella, otra amiga, que hace standup, en un monólogo sobre maternidad ella confesó: “ya sé por qué las mamis hablamos de nosotras en tercera persona. Para salvaguardarnos de pagar las culpas de los errores que cometimos en la crianza. Cuando nuestros hijos nos vengan a reclamar, les diremos, no, yo no fui, (señalando acusativamente a un costado), ¡fue mamá! “

Los saluda con mucho cariño Melina (¿vieron? Suena cuanto menos, ¡raro!)
Ahora sí, ¡nos estamos escuchando!
Melina


lunes, 25 de abril de 2016

Los Enemigos del Desarrollo Infantil Saludable


Nota: en el  artículo hablo de “bebé” y “niño”, pero me estoy refiriendo a niños y niñas.

Criar un bebé es una tarea difícil, por varios motivos: para el bebé es difícil ser bebé, y para el adulto, es difícil acompañar a alguien que lo está pasando mal. El bebé emite señales y el adulto debe interpretarlas, éste y no siempre lo logra.
Para colmo, vivimos en una época en la que los conceptos acerca de la crianza son diversos, diametralmente opuestos me atrevería a afirmar. Se suelen encontrar artículos en los que se recomienda dejar llorar al bebé para que “no le tome el tiempo al adulto”, y otros en donde se fundamenta por qué hacer semejante cosa es perjudicial para el niño.
Se recomienda estimular al bebé para que desarrolle sus potencialidades al máximo, y otras voces desrecomiendan rotundamente la estimulación, porque explican que en realidad limita el desarrollo. Y así las jóvenes madres se encuentran en la disyuntiva de elegir de acuerdo al fundamento con el que se identifican, aquél que les hace más sentido, o quizás aquél que ha primado en su familia como hábito de crianza, sin cuestionamiento alguno acerca de sus posibles efectos.
No ha de faltar el temido comentario del entorno mayor “a ti te hemos criado así y bastante bien has salido” o lo que es peor aún, cuando los mismos padres justifican enfoques nocivos de crianza con el “a mí me han criado así y soy una persona de bien”.
Pero, entonces ¿cómo saber? ¿qué está “bien” y qué está “mal”?
Existe al menos una respuesta inequívoca que nos puede guiar en todo momento, y esta respuesta es LA FISIOLOGÍA. La fisiología es el comportamiento espontáneo del organismo para regularse y desarrollarse. Es inequívoca, indispensable e inevitable. Tiene una expectativa que debe ser satisfecha. Un ejemplo muy sencillo de la necesidad de satisfacción de la fisiología es el sueño. Si no llegamos a dormir la cantidad necesaria de horas, comenzamos a debilitarnos, a fallar en nuestras acciones y si seguimos sin respetar esta necesidad, finalmente redundamos en un deterioro generalizado de la salud.
 Si nos alejamos de ella, enfermamos físicamente. Si nos seguimos alejando, enfermamos psíquicamente.
Dos errores graves que los adultos cometen durante la crianza de sus hijos.
1 NO ATENDER LAS SEÑALES DEL BEBÉ.  
Hablando acerca de lo que un bebé necesita, desde el punto de vista de la fisiología, es contacto permanente con el cuerpo de su madre, lactancia a respuesta, atención personalizada (por ejemplo durante el cambio de pañal, no hacerlo de manera mecánica ni estandarizada, sino contándole al bebé qué se le está realizando en su cuerpo). Todas estas satisfacciones lo convertirán en un ser seguro, porque las respuestas que obtiene de su entorno le confirman lo que estuvo sintiendo. Un bebé que llora por el motivo que sea (hambre, sueño, miedo) y no es atendido, comienza a confundir sus propias sensaciones, con válidas o no válidas. Porque si fuesen válidas, serían atendidas, ¿verdad? Y entonces si nadie se ocupa de ellas, es que lo que le ocurre no es importante, o no es correcto que le ocurra. Con el tiempo, el bebé aprende a no emitir señales de disconfort. Este patrón de “no pedir”, de sumisión ante el disconfort, ya está formateado en su cerebro y a menos que en su vida consciente pueda observar que se trata de un aprendizaje forzado, pero antifisiológico, y por lo tanto trabajar para revertirlo, esta persona estará en realidad preparada para someterse a las decisiones de otras personas, por más caro que sea el precio a pagar por esta sumisión.
No atender las necesidades del bebé conlleva a consecuencias gravísimas, muchos autores se han ocupado de describirlas, sólo he apenas esbozado con ligereza un tema que ha sido descripto en volúmenes enteros.


2 LA ESTIMULACIÓN
Este punto es muy extenso y aparentemente muy controversial. Sugiero que se lo lea con detenimiento para no perder detalle, porque será muy necesario tener claros los argumentos para poder esclarecer la posición tomada al respecto.
Creer que el bebé necesita ser estimulado para desarrollar su potencial es la idea que más difusión tiene hasta el día de hoy. Ya sabemos que dejar llorar a un niño es nocivo para su cerebro. Hay estudios que lo confirman. Incluso datos duros, imágenes cerebrales de niños expuestos al llanto y sufrimiento que demuestran que su cerebro tiene un desarrollo más pobre que aquel niño que conoce las respuestas adecuadas a sus necesidades. Pero sobre la estimulación, no hay mucho desarrollado aún, o al menos que esté masivamente difundido. En todas las carreras enfocadas a los tratamientos de personas de cualquier edad con algún déficit, la orientación siempre es a la estimulación. Soy Musicoterapeuta y doy fe de ello. Las profesionales formadas (y formateadas)  en otras carreras análogas (terapia ocupacional, estimulación temprana) dan cuenta de este enfoque. “El niño tiene que“es el mandato silencioso que tienen en su cabeza todo el tiempo. Considero necesario definir a qué llamo “estimulación”. Es una experiencia artificial, no creada por el niño, pero sí para él, destinada generar una respuesta que satisfaga al adulto o a las expectativas que el adulto tiene de determinado niño o de un grupo. Se basa en los resultados a los que un niño llega, o a niveles evolutivos esperables (estimular a un niño a realizar determinado movimiento con alguna parte de su cuerpo, el ejemplo más común es colocar el niño boca abajo para que levante la cabeza y “fortalezca” la musculatura paravertebral cervical), procurando anticiparse a lo que sabe que ocurrirá espontáneamente, y desarrollando una técnica que supuestamente provocará dicho resultado.
 Someter a un niño tanto a sesiones de estimulación como a experiencias estimulatorias lo lleva a creer que no puede lograr nada por sí mismo. Formatea su cerebro en el modo “necesito ayuda”*, yo solo no sé /no puedo/no se me ocurre/no soy capaz.
* Esta combinación con la anterior “cuando necesito ayuda no la obtengo” puede ser catastrófica para el niño, porque lo lleva a un estado de indefensión y sometimientos muy profundos. En definitiva, el adulto lo “ayudará” cuando crea conveniente.
El niño pierde toda libertad de acción y creación. Su mirada queda enfocada hacia el adulto, como pidiendo permiso o preguntando si así “está bien”, está haciendo lo que se esperaba de él.
¿Qué más se pierde? La espontaneidad, la curiosidad, la riqueza de aprendizaje, el orden genuino y la manera en el que el desarrollo iba a ocurrir.
¿Qué se obtiene?
·         Una relación estímulo – respuesta. El niño responde siempre y cuando exista el estímulo. Pero cuando este no existe, ¿qué hace entonces el niño? En el mejor de los casos, pide. En el peor, espera.
·         Pobreza de acciones y de iniciativa: el niño sólo aprendió a ejecutar aquello para lo que se lo ha entrenado. A veces voy a las plazas (a sufrir, sinceramente) y observo a los niños jugar y a sus acompañantes. Muchas veces son sus madres, algunas ocasiones su padres, algunos abuelos y personal doméstico, niñeras, etc. La escena del niño que pierde el equilibrio, cae al suelo, queda inmóvil (ni siquiera atina a intentar levantarse) el adulto se acerca y lo pone de pie como si se tratara de un maniquí, se ha repetido delante de mis ojos con todos los adultos que he mencionado. El patrón instalado es grave: no sabemos si no sabe ponerse de pie, o si no cree que puede hacerlo, o si cree que no le está permitido.
·         Limitación de movilidad. Dos ejemplos:
1.       El gateo es parte indispensable del desarrollo de la motricidad. Es precursor de la marcha en la coordinación y en la gestión del equilibrio. Los niños que son puestos en posición sentada por parte de los adultos no aprenden a salir de dicha posición, porque no construyeron la llegada, no pueden deconstruir la salida. Muchas veces como consecuencia no llegan a desarrollar el gateo. A veces logran desplazarse dando saltitos con el trasero. Otras ni siquiera lo intentan. El adulto determinó que debía quedarse en ese lugar con sus juguetes, y allí queda, a veces horas. O llora.
2.       La colocación en decúbito ventral, desde ahora DV(panza abajo) para que eleve la cabeza y ejercite la musculatura del cuello. El bebé, si es colocado de espaldas, logrará dominar la rotación de su cabeza y el precario equilibrio que implica mantener alineada su columna en sus diferentes segmentos (cabeza, cervicales, dorsales lumbares y sacro-pelvis) antes de animarse a cambiar de posición en el espacio. Luego va tanteando colocarse de costado hasta que finalmente logra colocarse por sí mismo en DV. Para lograrlo, ha elevado sus piernas millones de veces, a tonificado su musculatura abdominal, ha integrado todo su cuerpo en el movimiento. Cuando llega por sí mismo a la posición boca abajo, domina muchas posiciones intermediarias y hace todo de manera voluntaria y electiva. En cambio si es colocado de muy pequeño en DV , el bebé se ve forzado a levantar la cabeza repetidas veces porque la posición resulta muy incómoda (muchos bebés suelen llorar cuando el adulto los coloca en esa posición) interfiere con la respiración, y el movimiento, lejos de ser voluntario, es REFLEJO y defensivo. Lo hace porque no puede hacer otra cosa, pero tampoco puede seguir así. Dicha ejercitación disocia además el funcionamiento de las cadenas musculares. El bebé no integra el movimiento con toda la musculatura paravertebral, porque aún no la “ha conectado” a su conciencia y sus sistema nervioso aún no se ha mielinizado como para lograr dicha conexión. Provoca distensión abdominal (recordar que el bebé necesita abdominales tonificados para lograr sentarse), por lo que finalmente esta posición termina por obstaculizar el desarrollo de la motricidad: el bebé no se sentará, lo sentarán, no gateará, tendrá un equilibrio precario, lo pondrán de pie, lo obligarán a caminar, porque no hace nada por sí mismo y “necesita estimulación”.
BEBÉ QUE HA SIDO COLOCADO EN DV SIENDO DEMASIADO PEQUEÑO. PADECE EL PESO DE SU CABEZA.




BEBE QUE ESTÁ APRENDIENDO A GIRAR SOBRE SI MISMO DE MANERA AUTÓNOMA. OBSERVAR TODO SU CUERPO INTEGRADO AL MOVIMIENTO Y A LA POSTURA





BEBÉ QUE HA LOGRADO DARSE VUELTA POR SÍ MISMO





Finalmente el niño termina haciendo todo, caminar, etc., (recordar, la fisiología es inevitable) y el adulto, en su mala lectura, cree que fue gracias a su intervención.
No ve que la pérdida de la iniciativa lo convierte en esclavo de sus intervenciones, porque el niño pide y demanda que se ocupen de él, porque ha perdido la oportunidad de conocerse y hacer lo que le gusta.
Este tipo de experiencias forma parte de los factores que generan a un niño con poca capacidad para gestionar su frustración, con enorme sensibilidad, que estalla en llanto “de la nada”, que siempre está enojado o con el ceño fruncido, y con predisposición a la violencia.
La frustración es precursora de estas situaciones y un niño cuya fisiología del desarrollo ha sido sistemáticamente frustrada, padece de un desajuste biológico, y también emocional, como describí al principio del artículo.

¿Entonces?
Por último, no estimular no es abandonar. Ni tampoco dejar que haga  lo que quiera. Es acompañar. Estar junto a mientras hace. Pero no hacer-le (sentarlo, rodarlo, etc.). Si el niño no sabe que existe la postura a la que algún día llegará, tampoco tiene la ansiedad por alcanzarla. Disfruta de su aquí y ahora, porque eso es su máximo en este momento. Se permite posarse y transitar su camino con total placer y tiempo para conocerse y conocer el mundo que lo rodea.
El adulto es el responsable de brindar un entorno seguro, vestimenta adecuada, que no limite los movimientos y permita éxito total en su autoexploración, y la del entorno. Mostrará el encuadre, cuál es su espacio destinado a su actividad, con qué elementos podrá experimentar, qué se puede hacer y qué no. Son los niños que llegan a un lugar y observan absolutamente todo el espacio antes de decidir qué hacer. No tienen apuro por abalanzarse, más bien todo lo contrario. Evalúan muy bien dónde están, con quiénes, qué pueden hacer  y con qué. No es desconfianza, es prudencia. Son cuidadosos de sí mismos y de los otros niños. No molestan, y tampoco permiten que los demás lo hagan.
Incluso, respecto de las situaciones de prematuridad, síndrome de down, hipotonía, etc. (diagnósticos ante los cuales hay una indicación casi directa e inmediata de estimulación), tiendo a ver a ese niño como perfecto tal cual es, (no necesita alanzar un ideal) y a observarlo respetuosamente para determinar si realmente es necesaria o no, una intervención. La indicación de intervención debe ser sumamente cuidadosa y destinada a afinar sus habilidades, para ayudarlo a estar más conforme con sus propios resultados. Por lo pronto, deberán ser realizados a un niño que sea consciente de sí mismo, y que él pueda administrar cuánto, cuándo y qué, con el objetivo permanente de que siempre se sienta dueño de su destino.

A veces me pregunto para qué existen tantos cursos de desarrollo personal. He formado parte de algunos, y la mayoría de las personas que participaban, expresaban disfunciones profundas, hablaban de su infancia y de las enormes limitaciones que padecieron por parte de sus adultos. Como para pensarlo.


Ejercicio: comparto diferentes ejemplos de actividad autónoma y actividad dirigida.
Observarlos y preguntarse cuál genera sensación d comodidad y placer, o frustración y malestar. Bien, ahora imaginar lo que podría producir en el propio niño.
 4 horas de juego en 5 minutos un bebé hace de todo, sin intervenciones del adulto.
un encuentro de juego libre niños que se organizan en el juego de manera autónoma

lunes, 4 de abril de 2016

La Suegra Buena Onda y la Suegra Infumable. Por Melina Bronfman (Futura suegra) Pd, aplica a la propia madre.





Cuando las mujeres nos convertimos en madres, muchas veces ingresamos sin saber en la carrera de desafíos más increíble, interminable y estresante de nuestra vida. Eso solemos sentir, sobre todo los primeros meses, en los que recién conocemos un bebé, que además es recién nacido (fragilidad total, llanto  desgarrador, nosotras re verdes en el tema, etc.). Convengamos: es la peor combinación! Porque si te toca bebé inexperto (hace poco que es bebé) y mamá experta, todo bien. O bebé experto, y mamá inexperta (podría ser cuando una amiga se ofrece a cuidarnos nuestro retoño para que por ejemplo hagamos un trámite ineludible), el bebé la pasa mal, pero la amiga si le pone onda enseguida entiende sus mensajes. El niño ya sabe lo que necesita, sabe comunicarlo insistentemente hasta obtener la satisfacción que necesita.
Pero con bebé inexperto y mamá inexperta, se ha formado una pareja del caos, y del que se sale únicamente con 1, información válida, 2, tiempo y 3, confianza.Este dúo, del que el papá en principio es un espectador, muchas veces proactivo (porque sabe qué necesitan su hija/o y su compañera, y lo provee) y muchas otras pasivo o reactivo (porque no sabe qué cornos hacer, recordar el ítem *información válida). Muchas otras no es siquiera un espectador, porque ya tuvo que reincorporarse al trabajo, y entonces se deben poner en marcha los mecanismos de ayuda logística para ese dúo.

Durante el periodo de aprendizaje la joven madre necesita ayuda para sobrevivir. comer, dormir, vestirse, ir al baño pasan a ser acciones que no siempre logra llevar a cabo del todo exitosamente, y para colmo, el no lograr hacerlo, puede convertirla ser blanco de críticas por parte de quienes la rodean.
Nadie duda de que quizás (y muy desacertadamente) lo hagan con la mejor de las intenciones (¿existe la  persona que quiera ser "mala algo"? ( mala madre, mala amiga, mal padre, mal jefe, etc). Esto no quita que la joven madre se sienta terrible, se entristezca o se violente ya sea contra su entorno, o a veces lamentablemente contra su propio bebé, porque es "quien la está poniendo en esta encrucijada".

 Abuela materna, abuela paterna. Tías. Amigas. Personal contratado. Todas deben estar al servicio de la madre, porque estamos ante la necesidad de cumplimiento de la Ley Nr 1 del puerperio.

Ley nr 1 del puerperio: Una madre reciente necesita que alguien se ocupe de ella para que ella pueda ocuparse de su bebé. La comida, la limpieza básica de la casa, las compras, la ropa. No se hacen solas, son casi imprescindibles para la cotidianeidad. Alguien tiene que hacerlo o al menos ayudar.
Las que suelen responder con más frecuencia, porque además son protagonistas secundarias o de reparto del evento, son las madres y las suegras. De paso, quieren estar con su nieto nieta. A veces es al revés. Como excusa para estar con su nieto o nieta, van a la casa de su hijo o hija diciendo que van a dar una mano. No importa. Lo que importa es lo que ocurre de verdad.


LA SUEGRA BUENA ONDA
LA SUEGRA INFUMABLE
AYUDA EN TODO LO QUE PUEDE
COMENTA O CRITICA TODO LO QUE HACES
PLANCHA LA ROPA
QUIERE TENER AL BEBÉ PARA QUE PLANCHES
TE LLEVA COMIDA, Y LAVA LOS PLATOS Y ORDENA LA COCINA
SE COME TU COMIDA Y TE DEJA LOS PLATOS SUCIOS
TE LLEVA COMIDA QUE PODÉS COMER
LLEVA O PIDE PIZZA, EMPANADAS O FACTURAS CON MUCHO DULCE DE LECHE Y CREMA PASTELERA
CUANDO TU BEBÉ LLORA SE QUEDA EN UN RINCÓN, EN SILENCIO,ESPERANDO EVENTUALES INSTRUCCIONES O PEDIDOS
CUANDO TU BEBÉ LLORA, TE PREGUNTA SI TU LECHE DE VERDAD SERÁ BUENA PARA ÉL, SI NO SERÁ MUCHA O POCA, Y CUESTIONA TODAS TUS ACCIONES.
SE SOLIDARIZA CON VOS, TE CUENTA CÓMO LO VIVIÓ ELLA
DESCONOCE LO QUE TE OCURRE, NIEGA TUS EMOCIONES
HABLA POCO Y HACE MUCHO
HABLA MUCHO Y NO HACE NADA
PIDE PERMISO PARA TOMAR AL BEBÉ
TE LO ARRANCA DE LOS BRAZOS
TE PREGUNTA CÓMO LO TOMÁS, CAMBIÁS, IMITA TUS MOVIMIENTOS PARA QUE TU BEBÉ NO SUFRA EL CAMBIO DE MANOS
PROCURA IMPONER LO QUE ELLA SABE Y NO LE INTERESA APRENDER. COMO TU BEBÉ SUELE LLORAR APENAS LO TOMA, TE LO DEVUELVE COMENTANDO QUE “LO ESTÁS HACIENDO MUY MAMERO”
LLEGA A TU CASA EN PUNTILLAS DE PIE, SI TU BEBÉ DUERME TE AYUDA CON ALGÚN QUEHACER PENDIENTE (QUE SIEMPRE HAY MILES)
LLEGA A TU CASA CON ESTRUENDOS DE PAQUETES, BOLSAS Y REGALOS. SI TU BEBÉ ESTÁ DURMIENDO LO DESPIERTA “ACCIDENTALMENTE”, Y COMO LLORA Y SOLO SE CALMA CON TETA TE CRITICA POR HACERLO MUY “MAMERO”
TE HACE SENTIR QUE HACES LAS COSAS BIEN. SU PRESENCIA TE ALIVIA.
TE HACE SENTIR QUE SOS MALA MADRE. SU PRESENCIA TE FRUSTRA Y ESTRESA.

Se supone que es el momento más trascendental de nuestra vida. Pero en vez de vivirlo bien, muchas familias se distancian, intercambian críticas veladas o explícitas. Algunos dejan de hablarse. Los abuelos se ofenden. ¿Por qué sucede esto? Por las diferencias transgeneracionales, o diferencias de paradigmas en la crianza. Aún hoy, con toda la evidencia científica a favor, están arraigados los conceptos de que “tanto” amor les va a hacer mal, que hay que frustrar y hacer llorar a los bebés, que tienen que curtirse para afrontar los momentos duros de la vida, y hacen dudar o cuanto menos hacer sentir mal a los padres y madres que se entregan incondicionalmente a amar a sus hijitos.
Cuando esto sucede, lo ideal sería poder subsanar las diferencias, porque si no, TODOS SALEN PERDIENDO.

Errores comunes de las suegras “infumables”:

  • ·         Subestimar la capacidad de sus hijos de aprender a ser madres o padres
  • ·         Creer que si no lo hacen como ellas (las suegras) creen que debe hacerse, ellos (su hijo y nuera) lo están haciendo MAL
  • ·         No cuestionarse si es que en realidad fueron ellos los que no tuvieron la información adecuada
  • ·         Priorizar su necesidad de ser tenidos en cuenta a la necesidad de la joven madre de ser ayudada.


Soluciones para dejar de ser suegra (o madre, amiga o tía) infumable:
·        

  •       Aceptar las diferencias de criterios. Por encima de cualquier desacuerdo debe existir el RESPETO.
  • ·         Aceptar que tu momento de criar ya ocurrió. Este es el momento de acompañar las decisiones tomadas por los hijos.
  • ·         Hacer el duelo: si descubriste que “hiciste todo mal”, que fuiste mal asesorada, que te perdiste horas, días, meses y años de mimos con tu hijo o hija, no vas a “desquitarte” con tu nieta/o. Este es su momento con su mamá y su papá, y es importante ayudar a que esta vez sí ocurra.
  • ·         Sincerarse con el ego: no vas a ser peor abuela si admitís que no entendés qué hace tu nuera. A lo mejor es una bella oportunidad para acercarse y emocionarse juntas. Dejar de competir y formar equipo.


Conclusión:
Si sos la suegra, lo mejor que podes hacer es aflojarte y acompañar el proceso.
Si sos la nuera, pedirle sincera y claramente la ayuda que necesitás, y aceptar que si no puede, no hay problemas, pero que por favor no te haga sentir mal con sus comentarios, no tenés energía para defenderte o discutirle.
Creo que una buena dosis de verdad acerca las emociones y permite un recorrido del proceso aceptando los roles, pero también posibilitando el sentir que se es nuevamente manada.

Ojalá puedan.